Maravilla del Mundo

En guaraní, el termino Iguazú se traduce como “Aguas grandes”. Fueron descubiertas en el año 1541 por el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. En 1984, la UNESCO las declaró como patrimonio natural de la humanidad.

Ubicadas dentro del Parque Nacional Iguazú, a unos casi 20 Km. de la ciudad de Puerto Iguazú al norte de la provincia, comparten sus saltos con Brasil. En este vecino país, el río nace en el estado de Paraná. Luego de recorrer unos 1200 km. por una meseta, absorbiendo el caudal de los afluentes que se topa en su camino, llega a un punto donde una falla geológica forma una grieta en la llanura. Como si una gigante pala se hubiera hundido en la tierra separando sus lados.

Solo que en este corte, coincide con el paso de un río.

Un río que viene recorriendo una geografía tranquila, sin demasiados sobresaltos, que de a poco encuentra en su transitar, una seguidilla de saltos. Y de repente 80 mts. de desnivel la convierten en una violenta sensación de vértigo. La Garganta del Diablo, una montaña rusa en su mayor descenso, combinada con un constante tronar ensordecedor que se sumerge en lo más profundo de la asfixia, para luego mansamente, desembocar a pocos kilómetros en el río Paraná

Una de las varias leyendas cuenta de la existencia de una serpiente gigante “Boi”, la cual vivía en el interior del río. Para aplacar su ferocidad, los aborígenes una vez por año sacrificaban a una dama arrojándola a las aguas como ofrenda hacia la bestia. En una de esas ofrendas un valiente guaraní raptó a la doncella elegida para salvarla del tradicional rito, escapándose en canoa por el río.

Boi al enterarse de la osadía entro en cólera y encorvando su lomo partió el curso del río, creando así las cataratas y de este modo separó a ambos indígenas.

El visitante encontrará más de 270 saltos a lo largo de los acantilados e islotes, repartidos en un media luna que forma este accidente geográfico.

Desde el centro de visitantes, los senderos se pueden recorrer a pie o sino se puede optar por un pintoresco trencito a combustión a gas.

Básicamente se la puede conocer a través de dos circuitos. Uno inferior y otro superior.

En el inferior se llega a la base de los saltos, la fuerza del agua transformada en rocío o vapor terminan mojando a los concurrentes. Pero la experiencia es única, vale la pena animarse a la aventura. También desde este circuito se puede tomar un bote con destino a la isla San Martín.

En el superior, el paseo es más sedentario. Vistas panorámicas desde las pasarelas y los miradores hacen de la estadía una experiencia inolvidable.

A los largo de nuestra visita podremos conocer los siguientes saltos: Salto Floriano, Salto Deodoro, Salto Benjamín Constant, Salto Unión, Salto Escondido, Salto Mitre, Salto Belgrano, Salto Rivadavia, Salto Tres Mosqueteros, Salto Dos Mosqueteros, Salto San Martín, Salto Adán y Eva, Salto Bozzetti, Salto Ramirez, Salto Chico, Salto Dos Hermanos y Salto Alvar Nuñez entre otros.

Dentro del recorrido, saliendo de la estación Cataratas, llegamos a la pasarela que atraviesan el río superior. Luego de caminar por ella arribamos al borde del balcón de la Garganta del Diablo, el salto de agua más grande de todos. La sensación de impotencia es como pocas y por más que saquemos millones de fotografías de este rincón, nunca lograremos expresar con imágenes lo vivido en este lugar. El caudal es tan grande y su densidad tan vertiginosa, que uno se siente vulnerable frente a este particular escenario.

Dentro de los atractivos del parque, para aquellos que disfrutan del turismo aventura, se puede acceder a una serie de recorridos un poco más activos.

Más allá de los saltos y cascadas ya mencionadas, la selva propone una serie de alternativas distintas. Un entorno más húmedo y un poco más fresco hace que sea propicio para el desarrollo y crecimiento de una amplia variedad de flora y fauna. El equilibrio natural hace que halla una la alta cantidad de alimentos, por consecuencia la fauna es también muy variada. Casi 500 especies de aves, alrededor de 80 de mamíferos, una gran variedad de reptiles, peces, insectos y mariposas habitan en este ecosistema.

A pocos metros del centro de investigaciones se encuentra el Sendero MACUCO.

Sendero peatonal que atraviesa la selva espesa de unos 3 kilómetros de largo con diversos grados de dificultad. La caminata se puede hacer en forma particular y demanda 2 horas. Al final del sendero nos encontraremos con el salto Arrechea.

Un prestador privado ofrece una alternativa un poco más audaz. Saliendo en un móvil 4×4 descubierto recorreremos unos 8 Km. dentro de la selva, para llegar a orillas del río inferior.
Gomones semirígidos con potentes motores fuera de borda nos estarán esperando para remontar el río. Saltando y sorteando los rápidos llegaremos al pié de los saltos y de esta forma hacer el bautismo de las Cataratas del Iguazú. La proa de estos semirígidos se acercarán a tal punto de casi meterse adentro de la cortina de las cascadas.

A su vez también se puede abordar un gomón a remo en el Iguazú superior, el cual nos permitirá observar más detenidamente la flora y la fauna que forma este delta. Con un poco de suerte podremos avistar tortugas de agua y yacarés asoleándose en la costa.

En fin, Iguazú es un entorno muy particular. No en vano Horacio Quiroga se inspiró en estos rincones argentinos para escribir sus “Cuentos de la Selva”

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